La alimentación, una “nueva” forma de ver la ciudad.

Con la industrialización, el desarrollo de los sistemas de transporte y la globalización se ha perdido la relación entre la economía basada en la alimentación y el caracter regional, espacial y social de la misma.

El aumento de movilidad ha traido consigo que nuestras constumbres alimenticias se hayan modificado enormemente durante el último siglo. Si antes se comían las verduras que se cultivaban en cada estación del año, la carne de los animales que pastaban en la región (cordero en Aragón, ternera en Argentina, etc) y sólamente la alta cocina disponía de ingredientes que venían de más allá de “las fronteras”, actualmente conseguimos en el supermercado casi cualquier ingrediente que se nos ocurra y nos apetezca porque “nos gustó tanto aquella vez que estuvimos en Italia o cuando fuimos a China, o durante aquel congreso en Brasil”. Los productos, como los sabores, se han globalizado. Hoy sin embargo entramos en la cuenta que estos “lujos alimentarios” son responsables en parte del 30 y un 40% de la emisión de CO2 a nuestra atmósfera, debidos a la producción, transporte y consumo (y desecho) de alimentos.

Más información: La Ciudad Viva

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