Mucho más que reducir distancias.

ccc

ccc (Photo credit: vrde)

por José Luis Fernández Casadevante :

La desconfianza y el desapego creciente de la población coinciden con las altísimas dependencias del sistema alimentario global de los combustibles fósiles (elevada mecanización, abonos de síntesis, distancias de miles de kilómetros en su distribución…) y el hecho de que sus aportes sean un 30% de los gases de efecto invernadero causantes del cambio climático. Cada vez más literalmente comemos petróleo y percibimos que el modelo vigente resulta inviable a medio plazo.

Ante esta situación han comenzado a proliferar los grupos de consumo agroecológico, colectivos de personas que se reúnen para organizar conjuntamente la compra de los alimentos directamente a productores de proximidad y a precios razonables. Una dinámica que permite activar en entornos urbanos los denominados Circuitos Cortos de Comercialización (CCC), que funcionan atendiendo al equilibrio entre las demandas/necesidades de productores y consumidores, contrarrestando el poder que monopolizan las grandes distribuidoras.

Estas experiencias garantizan unos ingresos constantes a los productores, conforman a unos consumidores más sensibilizados, ayudan a prescindir de los intermediarios, etc. Además estas iniciativas reducen la distancia física y simbólica entre productores y consumidores, devolviéndole al acto de intercambiar una dimensión relacional con un valor que va más allá de las relaciones convencionales basadas en abaratar precios o maximizar las ganancias.

Los CCC, en esa vocación de abastecer a los consumidores productos agroecológicos cercanos, ponen en valor los espacios agrícolas periurbanos, a la vez que favorecen la viabilidad económica y la dignificación de un mundo rural vivo, así como un reequilibrio territorial y económico entre el campo y las ciudades.

Los grupos de consumo acercan los productos agroecológicos a personas que los consideraban exclusivos o fuera de su alcance por su precio, ayudando a generar una inercia social y una sensibilización hacia este tipo de consumo. Además de un beneficio económico y ambiental, estas iniciativas están permitiendo la dinamización y renovación de los tejidos asociativos. Al ser ejercicios de auto-organización comunitaria, además de satisfacer necesidades, se convierten en lugares que permiten el encuentro y la relación con otras dinámicas asociativas (vecinales, ecologistas, huertos urbanos…).

Actualmente los grupos de consumo acceden a una pluralidad muy grande de productos (hortícolas, lácteos, carne, pescado, pan, cosméticos, aceites…) y muchos de ellos van adquiriendo formas muy eficientes de funcionamiento, convirtiéndose en alternativas reales de consumo. Esto no quiere decir que sean experiencias idílicas, pues requieren de cambios en los hábitos, planificación, dedicar tiempo a la dimensión participativa, tienen limitaciones a la hora de crecer o replicarse… .

Los grupos de consumo son laboratorios sociales que innovan, experimentan y, obviamente, se equivocan. Actualmente se está tratando de aprender de los errores, investigar las deficiencias y problemas de estas iniciativas de cooperación, que además de dar de comer perfilan e inspiran otro modelo agroalimentario.

Fuente : Cinco años  para actuar

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